martes, 16 de agosto de 2016

REFLEXIÓN - CHARLES STANLEY

Las Escrituras contienen muchas historias de personas que han esperado años o incluso décadas antes de que las promesas del Señor se cumplieron. Lo que los creyentes modernos pueden aprender de la paciencia de los santos bíblicos como Abraham, José, David y Pablo es que la espera en el Señor tiene recompensas eternas.

-Charles Stanley

jueves, 4 de agosto de 2016

Reflexiones - Charles H. Stanley

Nuestro Padre celestial entiende nuestra decepción, el sufrimiento, el dolor, el miedo y la duda. Él siempre está ahí para animar a nuestros corazones y nos ayudan a entender que Él es suficiente para todas nuestras necesidades. Cuando acepté esto como una verdad absoluta en mi vida, me encontré con que mi preocupación se detuvo.

-Charles Stanley




domingo, 31 de julio de 2016

Reflexión - R.C. Sproul

 Cristo es digno de sentarse en el trono de David para siempre, lo cual significa que todos los que reinen con él reinarán para siempre. Por tanto, la promesa de Pablo de que reinaremos con Cristo (2 Timoteo 2:11-13) es realmente una buena noticia. Compartiremos el reinado de aquel cuyo reino no puede tener fin. No importan las dificultades que enfrentemos ahora, si estamos en Cristo en realidad pertenecemos a la realeza, y gobernaremos y reinaremos con él para siempre. Que eso nos aliente mientras enfrentamos la adversidad. 
-R.C. Sproul

miércoles, 6 de julio de 2016

El Nombre Eterno

Salmos 70:17Sea su nombre para siempre; que su nombre se engrandezca mientras dure el sol, y sean benditos por él los hombres ; llámenlo bienaventurado todas las naciones. 18Bendito sea el SEÑOR Dios, el Dios de Israel, el único que hace maravillas.…
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Los burladores han dicho que debemos olvidarnos pronto de honrar a Cristo, y que un día, ningún hombre habrá de reconocerlo. Ahora, nosotros afirmamos otra vez, con las palabras de mi texto: "Será su nombre para siempre," dándole el honor debido. Sí, yo les diré cuánto tiempo va a permanecer. Mientras haya en esta tierra un pecador que ha sido reclamado por la gracia Omnipotente, el nombre de Cristo permanecerá; mientras haya una María lista para lavar Sus pies con lágrimas, y secarlos con los cabellos de su cabeza; mientras respire el mayor de los pecadores que se ha lavado en la fuente abierta que lava el pecado y la impureza; mientras exista un cristiano que ha puesto su fe en Jesús, y que ha encontrado en Él su deleite, su refugio, su albergue, su escudo, su canción, y su gozo, no hay ningún temor de que el nombre de Jesús deje de ser escuchado.
No podemos renunciar nunca a ese nombre. Dejemos que el unitario tome su evangelio sin una Deidad en él; dejemos que niegue a Jesucristo; pero mientras los cristianos, los verdaderos cristianos, vivan, mientras nosotros gustemos que el Señor sea lleno de gracia, y tengamos manifestaciones de Su amor, visiones de Su rostro, susurros de Su misericordia, seguridades de Su afecto, promesas de Su gracia, esperanzas de Su bendición, no podemos cesar de honrar Su nombre.
Pero si todas estas cosas desaparecieran; si nosotros cesáramos de cantar Su alabanza, ¿sería olvidado acaso el nombre de Jesucristo? No; las piedras cantarían, las colinas formarían una orquesta, las montañas saltarían como carneros, y los cerros como ovejas, ¿acaso no es Él su creador? Y si estos labios, y los labios de todos los mortales se volvieran mudos en un instante, hay suficientes criaturas aparte de nosotros en este ancho mundo. Si así fuera, el sol dirigiría al coro; la luna tocaría su arpa de plata, y cantaría acompañando su melodía; las estrellas danzarían en sus rutas preestablecidas; las profundidades sin límites del éter serían el hogar de muchas canciones; y la inmensidad vacía estallaría en una gran exclamación: "Tú eres el glorioso Hijo de Dios; grandiosa es Tu majestad, e infinito Tu poder."
¿Puede ser olvidado el nombre de Dios? No; está pintado en los cielos; está escrito en las inundaciones; los vientos lo susurran; las tempestades lo proclaman; los mares lo cantan; las estrellas lo brillan; las bestias lo braman; los truenos lo despliegan con estruendo; la tierra lo grita; y el cielo sirve de eco. Pero si todo eso desapareciera, si este grandioso universo se disolviera todo en Dios, de la misma manera que la espuma se disuelve en la ola que la acarrea, y se pierde para siempre, ¿sería olvidado Su nombre? No. Vuelvan sus ojos hacia aquel lugar allá; vean la tierra firme del cielo. "Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido?" "Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero. Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo." Y si estos desaparecieran; si la última arpa de los glorificados hubiera sido tocada por los postreros dedos; si la última alabanza de los santos se hubiera extinguido; si el último aleluya hubiera resonado a lo largo de las bóvedas del cielo ya desiertas, vueltas lúgubres para entonces; si el último inmortal hubiera sido sepultado en su tumba (si existieran tumbas para los inmortales) ¿cesaría entonces Su alabanza? No, ¡cielos! no; pues allá están los ángeles; ellos también cantan Su gloria; a Él, los querubines y los serafines entonan himnos sin cesar, cuando mencionan Su nombre en ese coro tres veces santo: "Santo, santo, santo, Señor Dios de los ejércitos."
-Charles H. Spurgeon



Fragmento del mensaje "El Nombre Eterno"


miércoles, 22 de junio de 2016

Reflexión sobre el Espíritu Santo

"Mi cuerpo es el templo del Espíritu Santo, de manera que no importa lo que haga, no importa donde vaya, el Espíritu Santo está conmigo. No conozco nada que promueva tanto la santificación y la santidad como el apercibirme de esto. ¡Si tan sólo estuviéramos conscientes, siempre, de que el Espíritu Santo está participando de todo lo que hacemos con nuestros cuerpos! Recuerda también que en ese mismo contexto, Pablo nos da una advertencia contra la fornicación. '¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros...?' (1Corintios 6:19). Es por esto que la fornicación debe ser impensable para un cristiano."
– Martyn Lloyd-Jones