martes, 7 de octubre de 2014

Las setenta semanas de Daniel


por Randall Price
La profecía de Daniel de las setenta semanas (Dan. 9:24-27) está en la porción de su libro (caps. 7-12) que revela el plan divino de Dios para los reinos de este mundo.  Al descubrir que Jeremías había profetizado que el exilio de Israel duraría 70 años (Jer. 25:11-12; 29-10), Daniel intercede por Israel para que se haga realidad el cumplimiento de la profecía con la restauración de Israel y el templo (Dan. 9:3-19).  El arcángel Gabriel fue enviado para explicarle a Daniel las “setenta semanas” de años (un total de 490 años), el tiempo necesario para compensar que Israel hubiera quebrantado la ley sabática (2 Crón. 36:21).
De acuerdo con los vv. 25-27, esta etapa se divide en tres periodos: 7 semanas (49 años), 62 semanas (434 años) y una semana (7 años).  El tiempo no se completaría hasta que se alcanzaran seis metas de restauración (Dan. 9:24), incluyendo un tiempo de tribulación para Israel (Dan. 12:1, compararlo con Mat. 24:21) y el fin de la dominación gentil del mundo (Daniel 12:1 – {compararlo Dan. 9:27, Mat. 24:31, Luc. 21:24,28}).
Los dispensacionalistas interpretan que los primeros 483 años (los primeros dos periodos) se cumplieron antes de la muerte del Mesías (Dan. 9:26).  La semana restante de siete años, es decir la semana setenta, terminará con la restauración de Israel.  Sin embargo, dado que esto se cumplirá a través de Jesús el Mesías, y debido a que Israel como nación rechazó al Mesías en su primera venida, este tiempo se ha pospuesto.
Cuando se realice el pacto entre Israel y un gobernante gentil futuro (el anticristo), el tempo será reconstruido y se restablecerá el sistema de sacrificios.  A mitad de este período una profanación del templo obligará a poner fin al sistema de sacrificios (Dan. 8:13).  A este tiempo se lo identifica también con los terribles dolores de parto de los tiempos postreros, y se lo llama “tiempo de angustia de Jacob” (Jer. 30:7) y “tiempo de angustia” (Dan. 12:1), cuando el malvado gobernante gentil (anticristo) blasfemará contra Dios e invadirá a Jerusalén (Dan. 11:36-45).  No obstante, el anticristo que ha traído tal desolación será destruido (comp. 2 Tes. 1:6-10; 2:4-9; Apoc. 19:19-21).   Jesús, Pablo y Juan también consideraron el período de la semana setenta como un juicio de los postreros días, cuyo epílogo es el recogimiento de Israel, la destrucción del anticristo, y la segunda venida de Cristo (Mat. 24:15,21, 29-31; 2 Tes. 2:4, 8; Apoc. 11:1-2; 12:6,13-14; 19:19-21).   El Nuevo Testamento confirma la postergación de la semana setenta hasta el periodo de la tribulación de acuerdo a la secuencia de eventos del discurso del Monte de los Olivos y la sección de juicios del libro de Apocalipsis (caps. 4-19) en cuanto a la profecía de las setenta semanas.
Hay quienes niegan que exista una brecha entre las semanas 69 y 70.  Afirman erróneamente que una demora profética tan larga sería incongruente con otros pasajes predictivos de las Escrituras.  Sin embargo, los aplazamientos proféticos de ninguna manera resultan raros.  Por ejemplo, en algunos pasajes, ambas venida de Cristo se mencionan prácticamente de manera simultánea, pero sabemos que un tiempo indeterminado las separa (Gén 49:10-12, 2 Sam. 7:13-16; Sal. 2:7-8 {comp. Hech. 13:33,; Heb. 1:5; 5:5}; 22:1-31; 34:14,16; Isa. 9:1-7, 11:1-2, 11; 52:13; 59:21; 61:1-11 [comp. Luc. 4:16-19; 7:22]; Joel 2:28 [comp. Hech. 2:17]; Miq. 5:2-15; Sof 2:13-3:20, Zac. 9:9-10; Mal. 3:1-3; 4:5-6).


Fuente:  Biblia de Estudio de Profecía
Tim La Haye

lunes, 6 de octubre de 2014

Reflexión sobre el pecado

"El dolor por el pecado es una lluvia perpetua, una ducha dulce, la cual para el hombre verdaderamente salvo dura toda la vida. Siempre se siente afligido porque ha pecado. Nunca dejará de sentirse afligido hasta que todo el pecado se haya ido."
 

-Charles H. Spurgeon

miércoles, 1 de octubre de 2014

Dios es dueño de todo...

1 Corintios 10:26 porque del Señor es la tierra y todo lo que en ella hay.

Éxodo 9:29 Y le respondió Moisés: Tan pronto salga yo de la ciudad, extenderé mis manos a Jehová, y los truenos cesarán, y no habrá más granizo; para que sepas que de Jehová es la tierra.

Salmos 24:1 Del SEÑOR es la tierra y todo lo que hay en ella; el mundo y los que en él habitan.

Salmos 50
:12 Si yo tuviera hambre, no te lo diría a ti; porque mío es el mundo y todo lo que en él hay.

Éxodo 19:5 ``Ahora pues, si en verdad escucháis mi voz y guardáis mi pacto, seréis mi especial tesoro entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra;

Deuteronomio 10:14 He aquí, al SEÑOR tu Dios pertenecen los cielos y los cielos de los cielos, la tierra y todo lo que en ella hay.

Job 41:11 ¿Quién me ha dado algo para que yo se lo restituya? Cuanto existe debajo de todo el cielo es mío.




lunes, 15 de septiembre de 2014

"¿Jesús fue al Infierno entre Su muerte y resurrección?"

 Respuesta: ¿Fue el alma de Jesús al Infierno durante el tiempo intermedio entre Su muerte y resurrección? Hay una gran confusión respecto a esta pregunta. Este concepto viene primeramente del Credo de los Apóstoles, el cual declara, “Él descendió a los Infiernos.” Hay también algunas Escrituras en las que, dependiendo cómo estén traducidas, describen a Jesús yendo al “Infierno”. Al estudiar este punto, es importante comprender primeramente lo que la Biblia enseña acerca del “lugar” de la muerte.

En las Escrituras hebreas, la palabra usada para describir el lugar de la muerte es “Sheol”, y simplemente significa “lugar de los muertos” o el “lugar de partida de las almas / espíritus”. La palabra griega utilizada en el Nuevo Testamento para Infierno es “Hades”, que también se refiere al “lugar de los muertos”. Otras Escrituras en el Nuevo Testamento indican que tanto el Seol como el Hades, son un lugar temporal, donde las almas son guardadas en espera de la resurrección y el juicio final. Apocalipsis 20:11-15 nos da una clara distinción sobre estos dos. Infierno (el lago de fuego) es el lugar final y permanente del juicio para los perdidos. Así que no, Jesús no fue al “Infierno” porque “Infierno” es un lugar futuro que entrará en funciones después del juicio del Gran Trono Blanco. (Apocalipsis 20:11-15)

Seol / Hades es un lugar con dos divisiones (Mateo 11:23; 16:18; Lucas 10:15; 16:23; Hechos 2:27-31), la morada de los salvos y los perdidos. La morada de los salvos era llamada “Paraíso” y “El seno de Abraham”. Las moradas de los salvos y los perdidos estaban separadas por “una gran sima” (Lucas 16:26). Cuando Jesús ascendió al Cielo, Él se llevó a los ocupantes (creyentes) del Paraíso con Él (Efesios 4:8-10). El lado de los perdidos en el Seol / Hades, ha permanecido sin cambio. Todos los muertos no creyentes, van ahí para aguardar el futuro juicio final. ¿Fue Jesús al Seol / Hades? Sí, de acuerdo con Efesios 4:8-10 y 1 Pedro 3:18-20.

Parte de la confusión proviene de pasajes tales como el Salmo 16:10-11, “Porque no dejarás mi alma en el Seol, ni permitirás que tu santo vea corrupción. Me mostrarás la senda de la vida...” La traducción correcta en este verso no es “Infierno” como está en algunas traducciones. Lo correcto es “Seol” o “la tumba”. Jesús le dijo años más tarde al ladrón que estaba junto a Él en la cruz, “Hoy mismo estarás Conmigo en el Paraíso.” Su cuerpo estaba en la tumba; Su alma / espíritu fue al “Paraíso”, lugar del Seol / Hades. Entonces Él sacó del Paraíso a todos los muertos justos, y se los llevó con Él al Cielo. Desafortunadamente, en muchas traducciones de la Biblia, los traductores no son consistentes, o no traducen correctamente el significado de las palabras hebreas y griegas para “Seol”, “Hades”, e “Infierno.”

Algunos opinan que Jesús fue al “Infierno” o sea, al lugar de sufrimiento del Seol / Hades, para ser después castigado por nuestros pecados. ¡Esta idea es completamente antibíblica! Fue suficiente la muerte de Jesús en la cruz y Su sufrimiento en nuestro lugar, lo que proveyó nuestra redención. Fue el derramamiento de Su sangre lo que justificó nuestra limpieza del pecado. (1 Juan 1:7-9). Mientras Él colgaba de esa cruz, Él puso sobre Sí mismo la carga del pecado de toda la raza humana - “Por nosotros lo hizo pecado”. 2 Corintios 5:21 dice: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él.” Esta imputación del pecado nos ayuda a comprender la lucha de Cristo en el huerto de Getsemaní con la copa del pecado que sería vertida sobre Él en la cruz.


Leer más: http://www.gotquestions.org/Espanol/Jesus-infierno.html#ixzz3DPdkJ1VM