jueves, 29 de diciembre de 2016

Dios con nosotros

"Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros." (Mateo 1: 23)
Cuando reflexionen sobre el misterio, consideren qué emblema de buena voluntad debe ser esto para los hijos de los hombres. Cuando el Señor toma a la humanidad en unión Consigo mismo de esta manera sin par, debe significar algo bueno para el hombre. Dios no puede tener la intención de destruir esa raza que de esta manera une en matrimonio con Él. Un matrimonio como este, entre el hombre y Dios, debe significar la paz; la guerra y la destrucción no son nunca predichas de esta manera. Dios encarnado en Belén, siendo adorado por los pastores, no augura otra cosa sino "paz en la tierra y dulce misericordia." Oh, ustedes que son pecadores que tiemblan al pensar en la ira divina, ustedes pueden levantar sus cabezas con jubilosa esperanza de misericordia y favor, pues Dios está lleno de gracia y misericordia hacia esa raza que distingue de tal manera por encima de todas las demás, tomándola en unión con Él. Tengan ánimo, oh hombres nacidos de mujer, y esperen bendiciones inenarrables "Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado."
Cuando contemplan los ríos, a menudo pueden identificar de dónde proceden, y la tierra sobre la cual han corrido, por su color: los ríos que fluyen desde los glaciares que se deshielan, son reconocidos de inmediato. Hay un texto relativo al río celestial que entenderán si lo contemplan bajo esta luz: "Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero." Allí donde el trono es ocupado por la Deidad, y el Mediador designado, el Dios encarnado, el Cordero que una vez sangró, el río debe ser puro como el cristal, y un río, no de lava hirviente de ira devoradora, sino un río del agua de vida. Miren a "Dios con nosotros" y verán que las consecuencias de la encarnación deben ser agradables, provechosas, salvadoras y ennoblecedoras para los hijos de los hombres.
Les ruego que mantengan su mirada de admiración, y contemplen a Dios con nosotros una vez más, como una garantía de nuestra liberación. Somos una raza caída, estamos hundidos en el cieno, estamos vendidos bajo el pecado, en servidumbre y esclavitud bajo Satanás; pero si Dios viene a nuestra raza, y desposa su naturaleza, entonces debemos ser levantados de nuestra caída, no puede ser posible que las puertas del infierno encierren a quienes tienen a Dios con ellos. Esclavos bajo el pecado y siervos de la ley, oigan la trompeta del jubileo, pues Uno ha venido entre ustedes, nacido de mujer y nacido bajo la ley, que es asimismo Dios poderoso, dado como garantía para liberarlos. Él es un Salvador grandioso: capaz de salvar, pues es Todopoderoso, y dado en garantía para hacerlo, pues se ha enlistado y se ha puesto la armadura para la batalla. El campeón de Su pueblo es Uno que no fracasará ni se desalentará hasta que la batalla esté completamente terminada y sea obtenida la victoria. Jesús, que desciende del cielo, es la garantía que llevará a Su pueblo al cielo, y Su adopción de nuestra naturaleza es el sello de que seremos elevados a Su trono. Si hubiera sido un ángel el que hubiese intervenido, podríamos tener algunos temores; si hubiera sido un simple hombre, podríamos ir más allá del miedo y quedar sumidos en la desesperación; pero si es "Dios con nosotros," y Dios en verdad ha tomado a la condición humana para unirla a Él mismo, entonces toquemos "las campanas de la gloria" y alegrémonos; vendrán días más brillantes y felices; debe haber salvación para el hombre y gloria para Dios. Calentémonos bajo los rayos del Sol de Justicia, que ha salido ahora para nosotros, una luz que alumbre a los gentiles, y que sea la gloria de Su pueblo Israel.
De esta manera hemos admirado a distancia.



lunes, 21 de noviembre de 2016

Reflexiones - John Bunyan y Leonard Ravenhill

“Nada te puede lastimar sino el pecado; nada te puede entristecer sino el pecado; nada te puede envilecer ante tus enemigos sino el pecado: Cuídate del pecado, alma mía.” 
-John Bunyan




Sólo los que no han sido cambiados por el Evangelio son los que quieren cambiarlo”. 
-Leonard Ravenhill

sábado, 12 de noviembre de 2016

¡Cuidado con algunos llamados derechos humanos!







Gálata 2:20 Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Se nos dice que...
Los derechos humanos son derechos inherentes a todos los seres humanos, sin distinción alguna de nacionalidad, lugar de residencia, sexo, origen nacional o étnico, color, religión, lengua, o cualquier otra condición. Todos tenemos los mismos derechos humanos, sin discriminación alguna.


Pero ¡cuidado cristiano! hay pecados perversos que lo han cubierto con el maquillaje llamado derechos humanos. Y el libertinaje a la perversión y pecar contra Dios lo visten de camuflaje con los
preciosos colores del arco iris engañando a muchos; pero Dios le llama transgresión a sus leyes espirituales.


Si tus llamados derechos humanos, la Palabra de Dios le llama perversidad, recuerda este versículo en
Gálata 2:20 "ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí".   Así que mucho cuidado con afanarnos reclamando derechos, que no son otra cosa que violaciones a los mandamientos de Dios, pues ya no vivimos para satisfacer todo lo que nos demanda la carne, sino vivimos para Cristo.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Reflexión - Martín Lutero


“Tengo tres perros peligrosos: la ingratitud, la soberbia y la envidia. Cuando muerden dejan una herida profunda.” 
― Martín Lutero

martes, 1 de noviembre de 2016